domingo, 7 de febrero de 2021

Dulce María Loynaz

La poeta cubana Dulce María Loynaz reivindica en nuestro poema de la semana el territorio mágico de la infancia y la figura de su madre de quien emana ese encanto, aunque uno lo entienda hasta años después. A las madres que echamos de menos cada día está dedicado este poema.

 

Madre

Como todos los niños, cuando yo lo era, solía preguntar a mi madre de

 dónde me habían traído…

 

Y como todas las madres, fabricaba la mía para contestarme, una tierra

 de leyenda o escogía entre los países del mundo, el que le parecía más

 hermoso.

 

Pero, no sé por qué, recuerdo que, a pesar de su buena voluntad, una

 vaga decepción seguía siempre a la respuesta; creía yo a mi madre;

 pero, una vez satisfechas mis turbadoras curiosidades, me quedaba

 por mucho tiempo triste.

 

¿Qué era lo que mi pequeño corazón soñaba entonces? ¿De qué flor

hubiera querido brotar, de qué nube salir volando como un pájaro?

 

No lo sé todavía, y ahora pienso que sólo la verdad era digna de mi

 sueño.

 

Mi madre no podía ofrecerme nada más hermoso que ella misma…

Pero si me la hubiera dicho, era su verdad tan maravillosa, que no la

 hubiera creído.

 


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