domingo, 15 de abril de 2018

Mimnermo de Colofón
El poeta vivió en el siglo VII a. C., pero los escasos versos de su obra que han llegado hasta nosotros reflexionan sobre los temas que han preocupado al hombre en cualquier época: la fugacidad de la vida, el fin de los placeres y el espanto que provoca envejecer. Su obra es una invitación a disfrutar de la existencia concentrada en los dones de Afrodita. Este espíritu fue recogido en Roma por el carpe diem de Horacio y después por toda la tradición occidental de la poesía elegíaca.
 
ἡμεῖς δ΄͵ οἷά τε φύλλα φύει πολυάνθεμος ὥρη

ἔαρος͵ ὅτ΄ αἶψ΄ αὐγῆις αὔξεται ἠελίου͵

τοῖς ἴκελοι πήχυιον ἐπὶ χρόνον ἄνθεσιν ἥβης

τερπόμεθα͵ πρὸς θεῶν εἰδότες οὔτε κακὸν

οὔτ΄ ἀγαθόν· Κῆρες δὲ παρεστήκασι μέλαιναι͵

ἡ μὲν ἔχουσα τέλος γήραος ἀργαλέου͵

ἡ δ΄ ἑτέρη θανάτοιο· μίνυνθα δὲ γίνεται ἥβης

καρπός͵ ὅσον τ΄ ἐπὶ γῆν κίδναται ἠέλιος.

αὐτὰρ ἐπὴν δὴ τοῦτο τέλος παραμείψεται ὥρης͵

αὐτίκα δὴ τεθνάναι βέλτιον ἢ βίοτος·

πολλὰ γὰρ ἐν θυμῶι κακὰ γίνεται· ἄλλοτε οἶκος

τρυχοῦται͵ πενίης δ΄ ἔργ΄ ὀδυνηρὰ πέλει·

λλος δ΄ αὖ παίδων ἐπιδεύεται͵ ὧν τε μάλιστα

ἱμείρων κατὰ γῆς ἔρχεται εἰς Ἀΐδην·

ἄἄλλος νοῦσον ἔχει θυμοφθόρον· οὐδέ τίς ἐστιν

ἀνθρώπων ὧι Ζεὺς μὴ κακὰ πολλὰ διδοῖ.

 

    

 

Nosotros, como las hojas que en la florida

 

primavera brotan ante el sol súbitamente,

 

de la flor juvenil así, por breve tiempo

 

gozamos, ignorando de parte de los dioses

 

el bien y el mal. Pero las negras Keres, al lado

 

nuestro marchan, portando la hastiante vejez,

 

y otra la muerte; efímero duró el fruto en sazón

 

de juventud, el sol brillando ante la tierra.

 

No bien la estación llega su plazo a cumplir,

 

preferible es morir que continuar con vida.

 

No faltarán dolores; unas veces la casa

 

cae en ruinas y así la miseria nos hunde;

 

o se mueren los hijos, y qué nos resta sino

 

marchar hacia su búsqueda en el Hades; tiene otro

 

de enfermedad roído el corazón: no existe

 
                                          entre los hombres quién de Zeus no sufra males.


domingo, 8 de abril de 2018

Amalia Bautista
Nos acompañará esta semana la poeta madrileña Amalia Bautista (1962). Licenciada en Ciencias de la Información,  tiene publicados numerosos poemarios y ha participado en varias antologías. Es la suya una poesía de línea clara y aparente sencillez no exenta de misterio. Ese es el tono del poema de la semana: amor y nostalgia.

Luz del mediodía

 

Ni tu nombre ni el mío son gran cosa,

sólo unas cuantas letras, un dibujo

si los vemos escritos, un sonido

si alguien pronuncia juntas esas letras.

 

Por eso no comprendo muy bien lo que me pasa,

por qué tiemblo o me asombro,

por qué sonrío o me impaciento,

por qué hago tonterías o me pongo tan triste

si me salen al paso las letras de tu nombre.

 

Ni siquiera es preciso que te nombren a ti,

siempre nombran la luz del mediodía,

la fruta, el paraíso

antes de la expulsión.
 

 

 

domingo, 1 de abril de 2018

Fabio Morábito
El escritor Fabio Morábito nació en Egipto (1955), pero pronto se trasladó a Italia y después con quince años a Méjico sin hablar una palabra de español. Sin embargo toda su obra literaria está escrita en nuestra lengua. Cuentista, traductor y poeta, en su obra cobra una especial importancia el aspecto físico de la realidad, el anclaje de lo cotidiano sirve para revelar el misterio de la existencia, como ocurre con los árboles del poema de esta semana.

Para sentirse vivo

En la naturaleza
todo está de pie:
los árboles,
los pájaros que están
sobre los árboles,
las hojas que se estiran
para limpiarse de las ramas.
Y cada uno piensa que los otros
son el suelo.
Las hojas creen
que toda rama está acostada
y ciega,
los pájaros
que el árbol ya no crece,
que es una especie de ruina,
y el árbol cree
que no hay más árboles,
no cree más que en sí mismo.
Nadie soporta que el sustrato
en que se apoya
tenga una vida propia,
que no esté muerto,
extinto,
que sea ligero.
Para sentirse vivo
hay que pisar una desolación,
algo que ya no tiene nada
que decir.

 

domingo, 18 de marzo de 2018

Jorge Luis Borges
Se perfila ya en el horizonte la Semana Santa y hemos querido aportar desde este blog un poema que reflexione sobre la pasión de Cristo. El poeta y cuentista argentino Jorge Luis Borges se acerca al tema desde el punto de vista del sufrimiento atroz del hombre crucificado, ajeno al poder de esa iglesia que se apoderó de su doctrina y desvirtuó sus ideas.

                    Cristo en la cruz

Cristo en la cruz. Los pies tocan la tierra.
Los tres maderos son de igual altura.
Cristo no está en el medio. Es el tercero.
La negra barba pende sobre el pecho.
El rostro no es el rostro de las láminas.
Es áspero y judío. No lo veo
y seguiré buscándolo hasta el día
último de mis pasos por la tierra.
El hombre quebrantado sufre y calla.
La corona de espinas lo lastima.
No lo alcanza la befa de la plebe
que ha visto su agonía tantas veces.
La suya o la de otro. Da lo mismo.
Cristo en la cruz. Desordenadamente
piensa en el reino que tal vez lo espera,
piensa en una mujer que no fue suya.
No le está dado ver la teología,
la indescifrable Trinidad, los gnósticos,
las catedrales, la navaja de Occam,
la púrpura, la mitra, la liturgia,
la conversión de Guthrum por la espada,
la inquisición, la sangre de los mártires,
las atroces Cruzadas, Juana de Arco,
el Vaticano que bendice ejércitos.
Sabe que no es un dios y que es un hombre
que muere con el día. No le importa.
Le importa el duro hierro con los clavos.
No es un romano. No es un griego. Gime.
Nos ha dejado espléndidas metáforas
y una doctrina del perdón que puede
anular el pasado. (Esa sentencia
la escribió un irlandés en una cárcel.)
El alma busca el fin, apresurada.
Ha oscurecido un poco. Ya se ha muerto.
Anda una mosca por la carne quieta.
¿De qué puede servirme que aquel hombre
haya sufrido, si yo sufro ahora?
 

 

domingo, 11 de marzo de 2018

Rilke
El poema de esta semana nos ofrece un hermoso diálogo entre imagen y poesía de la mano del poeta alemán Rainer Maria Rilke (1875-1926). El soneto se inspira en la imagen del llamado Torso juvenil de Mileto expuesto en el Museo del Louvre. Walter Benjamin, admirador de la obra de Rilke, decía a propósito de este poema: "Lo que uno ha vivido es, en el mejor de los casos, comparable a una bella estatua que hubiera perdido todos sus miembros al ser transportada y ya sólo ofreciera ahora el valioso bloque en el que uno mismo habrá de cincelar la imagen de su propio futuro”. Con este poema damos también la bienvenida al grupo de alumnos alemanes del intercambio de este curso.

ARCHAÏSCHER TORSO APOLLOS

Wir kannten nicht sein unerhörtes Haupt,
darin die Augeäpfel reiften. Aber
sein Torso glüht noch wie ein Kandelaber,
in dem sein Schauen, nur zurückgeschraubt,

sich hält und glänzt. Sonst könnte nicht der Bug
der Brust dich blenden, und im leisen Drehen
der Lenden könnte nicht ein Lächeln gehen
zu jener Mitte, die die Zeugung trug.

Sonst stünde dieser Stein entstellt und kurz
unter der Schultern durchsichtigem Sturz
und flimmerte nicht so wie Raubtierfelle;

und bräche nicht aus allen seinem Rändern
aus wie ein Stern: denn da ist keine Stelle,
die dich nicht sieht.
Du musst dein Leben ändern

 

 

TORSO DE APOLO ARCAICO

No conocemos la inaudita cabeza,
en que maduraron los ojos. Pero
su torso arde aún como  candelabro
en el que la vista, tan sólo reducida,

persiste y brilla. De lo contrario, no te
deslumbraría la saliente de su pecho,
ni por la suave curva de las  caderas viajaría
una sonrisa hacia aquel punto donde colgara el sexo.

Si no siguiera en pie esta piedra desfigurada y rota
bajo el arco transparente de los hombros
ni brillara como piel de fiera;

ni centellara por cada uno de sus lados
como una estrella: porque aquí no hay un sólo
lugar que no te vea. Debes cambiar tu vida.

 

domingo, 4 de marzo de 2018

8 de marzo
La poesía también se une a la lucha de las mujeres por conseguir la igualdad de derechos. Para este fin esta semana nos acompañarán los versos de la escritora guatemalteca Guisela López. Nacida en 1960 es una luchadora feminista con una extensa obra dedicada al tema, además de fundadora de la Colectiva de Mujeres en las Artes. Su obra no solo denuncia las desigualdades y el feminicidio sino que también aboga por la transformación de la sociedad para que hombres y mujeres seamos iguales.

                     Caminares

 

Desde la acera del mundo

vemos pasar el largo desfile del absurdo.

 

No logra intimidarnos

su máscara de poder.

Ni los zarpazos feroces

con que guarda su égida absoluta.

 

Tampoco nos seducen

sus oropeles y comparsas

de dragón bicéfalo.

 

Con el atardecer

soltamos a volar un barrilete,

su arco iris va pintando las calles.

 

Caminamos,

hasta que la luna

se ofrece a reemplazarlo,

desmadejando su trenza de colores.

 

Creemos que otro mundo es posible

un mundo con miradores de sol

en el que las mujeres

podamos vestirnos de sonrisas.


 

domingo, 18 de febrero de 2018

Antonio Maldonado Muñoz
Uno de nuestros seguidores más fieles nos acompañará esta semana. Ya el curso pasado nos deleitamos con una de sus composiciones. Este mes de febrero ha aparecido en su blog (http://elpaseodelcancerbero.blogspot.com.es/) este bello y emocionante poema dedicado a su padre, el también poeta Antonio Maldonado García. Antonio Muñoz ejerce ahora de profesor de historia en un instituto de Madrid, aunque no abandona sus raíces manchegas. A Antonio le apasiona también la fotografía, pero nos vamos a permitir elegir para acompañar su poema una imagen de otra seguidora de nuestro blog, Rosa Cruz, quien también escogió  versos de Antonio para acompañar su crónica fotográfica de las nevadas de este febrero en Villamanrique, el pueblo manchego de la familia Maldonado.

El viaje del potro descalzo


Fuera la niebla limpia las horas,

se acicalan para recibir otro invierno.

Yo hago de las sábanas raíles,

huye mi nariz del amargo olor a vida

y me descubro como un potro descalzo.

 

 

Corro entre caballos y yeguas de ojos celestes,

siento al rocío tomar vida entre mis patas.

¡Salpica!

Cada paso implica un nuevo sonido

en el fruto del amor entre tierra y luz.

 

 

Escucho  palabras bellas que se han de inventar,

vienen aires de esperanza a peinar nuestras crines

y yo corro, corro, vuelo como el pájaro en llamas.

 

 

De mi trote nacen raíces, llamadlas recuerdos,

en el suelo más tierno que jamás he pisado.

Las cuestas hacen presencia para frenar nubarrones,

alimentan al arroyo sus lágrimas

y sonríen al ver beber a la manada.

 

 

Alzo la mirada por encima del tiempo,

veo senderos por doquier.

Cada paisaje quiere calzarme,

hacerme familia suya, de corazón.

Diluidas en cada momento

mis patas son estrellas fugaces,

tantos ciclos en cuatro estaciones

hacen olvidar la materia de mi figura.

 

 

Este potro perdido abre los ojos.

No soy yo, eres tú, padre. Has cruzado el lodazal

y la palabra “cáncer” es tan sólo un mal recuerdo