domingo, 17 de junio de 2018

Octavio Paz
La llegada inminente del verano nos ofrece la oportunidad de disfrutar de este hermoso poema de Octavio Paz. El poeta y ensayista mexicano fue una de las figuras más relevantes de la poesía en español. Su extensa obra recibió incluso el premio Nobel de Literatura en el año 1990. Ahora que se han cumplido veinte años de su muerte es un buen momento para recordar su poesía, imposible de clasificar, ya que transitó por diferentes movimientos sin pertenecer propiamente a ninguno de ellos.
Nuestro poema de la semana es una fiesta de los sentidos que establecen un diálogo con la tierra y el cielo de la noche estrellada.

          NOCHE DE VERANO

Pulsas, palpas el cuerpo de la noche,
verano que te bañas en los ríos,
soplo en el que se ahogan las estrellas,
aliento de una boca,
de unos labios de tierra.

Tierra de labios, boca
donde un infierno agónico jadea,
labios en donde el cielo llueve
y el agua canta y nacen paraísos.

Se incendia el árbol de la noche
y sus astillas son estrellas,
son pupilas, son pájaros.
Fluyen ríos sonámbulos.
Lenguas de sal incandescente
contra una playa oscura.

Todo respira, vive, fluye:
la luz en su temblor,
el ojo en el espacio,
el corazón en su latido,
la noche en su infinito.

Un nacimiento oscuro, sin orillas,
nace en la noche de verano,
en tu pupila nace todo el cielo.
         
 

domingo, 10 de junio de 2018

Sylvia Plath
La poeta norteamericana Sylvia Plath (Boston, Massachusetts, 1932-Londres, 1963) vivió gran parte de su vida sumida en una depresión que la llevó finalmente al suicidio. La devastación interior de su vida se refleja intensamente en su obra. Buscó la libertad en un mundo que la encorsetaba. ¿Qué veía ella en el espejo del poema de la semana? Una realidad de la que ni ella ni sus lectores, perturbados por la emoción,  podemos escapar.

         Mirror

I am silver and exact. I have no preconceptions.
What ever you see I swallow immediately
Just as it is, unmisted by love or dislike.
I am not cruel, only truthful—
The eye of a little god, four-cornered.
Most of the time I meditate on the opposite wall.
It is pink, with speckles. I have looked at it so long
I think it is a part of my heart. But it flickers.
Faces and darkness separate us over and over.
Now I am a lake. A woman bends over me,
Searching my reaches for what she really is.
Then she turns to those liars, the candles or the moon.
I see her back, and reflect it faithfully.
She rewards me with tears and an agitation of hands.
I am important to her. She comes and goes.
Each morning it is her face that replaces the darkness.
In me she has drowned a young girl, and in me an old woman
Rises toward her day after day, like a terrible fish.

 

 

                                                               Espejo

 

Soy de plata y exacto.
No tengo prejuicios.
Todo lo que veo lo trago de inmediato
tal y como es,
sin la turbiedad del amor o de la antipatía.
No soy cruel, solo veraz-
el ojo de un diosecillo con cuatro esquinas-.
La mayor parte del tiempo medito
sobre la pared de enfrente.
Es rosada. Con manchas. La he mirado tanto
que creo que forma parte de mi corazón. Pero se mueve.
Caras y oscuridad nos separan una y otra vez.

Ahora soy un lago. Una mujer se asoma sobre mí,

buscando en mi extensión lo que ella es en realidad.
Luego se vuelve hacia esas embusteras, las velas o la luna.
Veo su espalda y la reflejo con fidelidad.
Me recompensa con lágrimas y gesticula con las manos.
Soy importante para ella. Viene y va.
Cada mañana es su cara lo que sucede a la oscuridad.
En mí ha ahogado una muchacha, y desde mí
una mujer mayor
se eleva hacia ella día tras día, como un pez terrible.

 

domingo, 3 de junio de 2018

Eloy Sánchez Rosillo
El poeta, ensayista y traductor Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948) tiene una larga trayectoria de publicaciones y premios literarios. Su poesía celebra la vida de manera honda, clara y a veces, como en el poema de esta semana, melancólica. Los viajes son una parte esencial en nuestra experiencia vital, los viajes reposados, vividos, no la colección de selfies de nuestro tiempo. Todos aquellos que amáis viajar, disfrutad de esta delicada obra.


                          El viajero

A veces me pregunto qué habría sido de mí
sin los recuerdos que tan celosamente guardo:
aquella callejuela que olía a madera y a fruta
en un húmedo barrio de París,
los árboles dormidos bajo el sol
en una plaza antigua de Florencia,
el órgano que hacía vibrar la catedral de Orvieto
en un amanecer lejano,
la lluvia golpeando en la ventana
de una habitación en la que yo sufrí,
los ojos oscuros que me miraron
en un crepúsculo de no sé dónde...

Cuando la inmediatez de los oficios cotidianos
se filtra hasta mis huesos y me impide
respirar con amor los olores espesos,
fríos, sin luz, de la costumbre,
cierro los ojos, regreso lentamente
a las tierras que en otro tiempo recorrí,
a los lugares en los que el olvido no impuso su silencio.
Acaricio los días que pasaron,
las horas que brillan en la distancia
como ciudades recostadas a la orilla de la noche.

Y pienso con tristeza que fue hermoso andar tantos
                                                                                 caminos,
aunque sepa que ya sólo podré pisarlos
con una pobre ayuda: la memoria.