domingo, 14 de febrero de 2021

Juan Antonio González Iglesias

Al margen de campañas comerciales e invitaciones al consumo el amor debería celebrarse todos los días. En nuestro poema de la semana se respira amor carnal partiendo de una afirmación con ecos religiosos, el cuerpo y la palabra se entrelazan en una hermosa imagen.

Esto es mi cuerpo...

 

Esto es mi cuerpo. Aquí

coinciden el lenguaje y el amor.

La suma de las líneas

que he escrito ha dibujado

no mi rostro, sino algo más humilde:

mi cuerpo. Esto que tocas es mi cuerpo.

Otro lo dijo

mejor. Esto que tocas

no es un libro, es un hombre.

Yo añado que esto que te toca ahora

es un hombre.

Soy yo, porque no hay

ni una sola sílaba que esté libre de amor,

no hay ni una sola sílaba

que no sea un centímetro

cuadrado de mi piel.

En el poema soy acariciable

no menos que en la noche, cuando tiendo

mi sueño paralelo al sueño que amo.

No mosaico, ni número, ni suma.

No sólo eso.

Esto es una entrega. Soy pequeño

y grande entre tus manos.

Ésta es mi salvación. Éste soy yo.

 

Este rumor del mundo es el amor.



domingo, 7 de febrero de 2021

Dulce María Loynaz

La poeta cubana Dulce María Loynaz reivindica en nuestro poema de la semana el territorio mágico de la infancia y la figura de su madre de quien emana ese encanto, aunque uno lo entienda hasta años después. A las madres que echamos de menos cada día está dedicado este poema.

 

Madre

Como todos los niños, cuando yo lo era, solía preguntar a mi madre de

 dónde me habían traído…

 

Y como todas las madres, fabricaba la mía para contestarme, una tierra

 de leyenda o escogía entre los países del mundo, el que le parecía más

 hermoso.

 

Pero, no sé por qué, recuerdo que, a pesar de su buena voluntad, una

 vaga decepción seguía siempre a la respuesta; creía yo a mi madre;

 pero, una vez satisfechas mis turbadoras curiosidades, me quedaba

 por mucho tiempo triste.

 

¿Qué era lo que mi pequeño corazón soñaba entonces? ¿De qué flor

hubiera querido brotar, de qué nube salir volando como un pájaro?

 

No lo sé todavía, y ahora pienso que sólo la verdad era digna de mi

 sueño.

 

Mi madre no podía ofrecerme nada más hermoso que ella misma…

Pero si me la hubiera dicho, era su verdad tan maravillosa, que no la

 hubiera creído.