domingo, 10 de febrero de 2019

Elena Medel
La poeta cordobesa Elena Medel es una de las voces más consolidadas de la poesía española. Dirige la editorial de poesía La Bella Varsovia y coordina el proyecto Cien de cien que se propone visibilizar la obra de poetas españolas del siglo XX. Es autora también de ensayos como Todo lo que hay que saber sobre poesía, manual lleno de curiosidades e historias sobre poetas.
 En una charla celebrada este viernes pasado en Marbella, el poeta Manuel Vilas decía que no hay amor más incondicional que el de los padres. A su madre y a la de cada uno de nosotros dedica la autora este bello poema, homenaje y duelo de orfandad perenne al mismo tiempo.

               Escribiré quinientas veces el nombre de mi madre...

Escribiré quinientas veces el nombre de mi madre.

Con un vestido blanco trazaré cada una de sus letras por las

           paredes de mi dormitorio, por el suelo del patio del

           colegio, por el pasillo de la casa más antigua. Para

           recordar mi origen cada vez que yo viva.

En todos los lugares podré besar sus mejillas limpias de

           cristal, aunque ella duerma lejos:

sus mejillas cercanas que me dolerán allá donde acaricie

           su nombre escrito.

Tantos días, tantas noches habrá de alimentarme

           amorosamente con su parábola descalza;

vendrá mi madre a arroparme, mujer de humo, con los ojos

           tiritando de suerte,

y en cada sueño mis apellidos dolerán como un cartel de

           bienvenida a un hogar diferente.

Sobre mi cabello, rubio como el de mi madre, la corona que

           me ciño como hija primogénita de Dinamarca.

Me llamaré Vacía, en honor a mis muertos; miraré cómo

           retozan de acrílico las palmas de mis manos, sangrará

           mi lengua a disposición de mis muertos.

Gritaré quinientas veces el nombre de mi madre para quien

           quiera escucharlo, y escribiré que bendigo este medio

           corazón en huelga mío, pues no olvido:

nací para llorar la muerte de otros.
 

sábado, 2 de febrero de 2019

Manuel Vilas
La semana que comienza visitará Marbella de nuevo Manuel Vilas para charlar sobre la memoria, así que desde este blog queremos rendirle un pequeño homenaje con uno de los poemas que cierran Ordesa, su celebrada novela. La obra  más que una novela es una suerte de "autoficción" del autor y su familia, pero también de todos nosotros, los coetáneos de Vilas, que nacimos en aquella España del desarrollismo de los años 60. Todos podemos reconocernos en esa familia, en su esfuerzo por mejorar de vida y en cómo las vanas esperanzas se disuelven poco a poco en nada. Libro único y emocionante, recomendamos desde aquí su lectura a todos los que todavía no lo hayan hecho.

Retrato

                                     E tan valiente

                                               J. MANRIQUE

                        De cabeza grande, hermanada con el sol.

 

                        De manos abiertas, como el firmamento.

 

                        Elegante y anticuado,

                        coronel de arterias

                        y falanges decepcionadas.

 

                        Piel enrojecida y pelo blanco siempre.

 

                        Nunca fue nadie y nada tuvo,

                        ni poder ni dinero.

 

                        Tuvo un coche viejo, que ya murió.

 

                        Medía un metro ochenta.

 

                        Vivió como si no existiese España,

                        la Historia y el Mundo.

 

                        Como si no existiese el Mal.

 

                        Le gustaban los pueblos tranquilos de Huesca

                        y las montañas serenas.

                        Antes de convertirse

                        en un ser humano llamado Vilas

                        fue un silencio cósmico.

 

                        Antes de convertirse

                        en el hombre más alto de mi infancia

                        fue un desconocido.

 

                        Dueño de nuestra verdad, se la llevó muy lejos.

 

                        Los muertos esperan nuestra muerte si algo esperan.

 

                        Brindo por tu misterio.
 

                                              

sábado, 26 de enero de 2019

Aurora Luque
Un feliz reencuentro con una amiga de muchos años en el Museo Picasso de Málaga es el punto de partida del poema de la semana. Aurora Luque (Almería, 1962) es poeta, traductora y ensayista. Dirigió el Centro Cultural Generación del 27 en Málaga. Ha merecido distinciones como el Premio Federico García Lorca y el Premio Fray Luis de León. Filóloga clásica de formación, ha sido profesora de griego en Málaga durante muchos años, etapa de su vida que ahora considera definitivamente cerrada. Su poesía está marcada por su pasión por los clásicos grecolatinos y la defensa de su vigencia en nuestro mundo. También ha convertido en su causa la lucha por rescatar la obra de autoras olvidadas, como María Rosa de Gálvez.
Ayer hizo una hermosa visita guiada a la exposición "El sur de Picasso", celebrando la libertad del pintor frente a sus modelos clásicos. Esa misma libertad destila el poema en el que ella dialoga con unos bellísimos versos de Mimnermo de Colofón.


Variación sobre un tema muy antiguo

Muerta quisiera estar cuando ya no me importen

el sabor de los vinos conversados, la lasitud que sigue

al fervor de un abrazo, las diferentes túnicas azules

que va estrenando el mar;

cuando deje de amar a las palabras

como esas diminutas criaturas sorprendentes

y danzantes que son;

cuando olvide los dones de una risa

filósofa y burlona

o el olor de una higuera goteante de mieles;

cuando se hayan gastado las ganas de pisar

las olas del verano.

Cuando pierda memorias y deje de saber

que eran fardos envueltos de un tesoro.

 

El antiguo decía que los dioses

hicieron la vejez así de dura.

Muerta quisiera estar

cuando ya no me importen estas cosas.
                      

sábado, 19 de enero de 2019

José Emilio Pacheco
Uno de los más importantes autores de la literatura mexicana del siglo XX fue el poeta, novelista, ensayista y traductor José Emilio Pacheco (1939-2014). Perteneció a la llamada Generación del Medio Siglo y recibió numerosos galardones, entre ellos el Premio Cervantes en 2009. Su poesía, depurada de todo adorno, expresa con palabras sencillas, directas a nuestro corazón la nostalgia por la pérdida de la infancia y también el compromiso social con la realidad histórica de su país. Nuestro poema de la semana es un hermoso canto a lo efímero de nuestra existencia sobre la tierra.

   También se quiebra el jade…

 

No tenemos raíces en la tierra.

No estaremos en ella para siempre:

sólo un instante breve.

 

                 También se quiebra el jade

                 y rompe el oro

                 y hasta el plumaje de quetzal se desgarra.

 

                 No tendremos la vida para siempre:

                 sólo un instante breve.
                                   

domingo, 13 de enero de 2019

Ana Merino
La poeta y dramaturga Ana Merino (Madrid, 1971) vive actualmente en los Estados Unidos, donde compuso su tesis sobre el cómic en el mundo iberoamericano. Hija de José María Merino, cuesta poco imaginársela de niña buceando en la biblioteca paterna leyendo sin descanso historias que marcaron su infancia. Hay mucho de esa niña en la Ana Merino adulta como pudimos disfrutar el pasado verano aquellos que la escuchamos leer sus poema en los encuentros de Marpoética. Esas lecturas de infancia y primera juventud son la patria y el mundo del poema de la semana.

¿De dónde soy?

Soy de lo que leo,

estanterías viejas

de libros y selvas,

páginas de tierra ensangrentada

por los disparos que agujerean las paredes

y le cierran los ojos a la vida.

 

 

¿Dónde está mi geografía,

mi pedazo de mundo?

No siento la patria,

ninguna historia se escribe con mayúsculas,

sólo un susurro extraño

de ventilador y horas inmóviles,

tardes prostituidas,

negocios sudorosos

y las manos atadas a la espalda.

lunes, 7 de enero de 2019

Wislawa Szymborska
Tras el descanso navideño retomamos la actividad en este blog y nada mejor para empezar el año que la reflexión de Wislawa Szymborska, una de nuestras poetas favoritas. Ya lo decía Heráclito, "todo fluye", el cambio no lo marcan las fechas, es inherente a la vida. El poema apuesta por la belleza que hay en lo efímero de la existencia.

Nada sucede dos veces
ni va a suceder, por eso
sin experiencia nacemos,
sin rutina moriremos.

En esta escuela del mundo
ni siendo malos alumnos
repetiremos un año,
un invierno, un verano.

No es el mismo ningún día,
no hay dos noches parecidas,
igual mirada en los ojos,
dos besos que se repitan.

Ayer, mientras que tu nombre
en voz alta pronunciaban,
sentí como si una rosa
cayera por la ventana.

Ahora que estamos juntos,
vuelvo la cara hacia el muro.
¿Rosa? ¿Cómo es la rosa?
¿Como una flor o una piedra?

Dime por qué, mala hora,
con miedo inútil te mezclas.
Eres y por eso pasas.
Pasas, por eso eres bella.

Medio abrazados, sonrientes,
buscaremos la cordura,
aun siendo tan diferentes
cual dos gotas de agua pura.